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28.8.14

Me siento como Colón cuando arribó al nuevo mundo

Avui presentaré un blog que m'ha interessat molt per la sensibilitat, la valentia i la lucidesa que destil·len els escrits de la seva autora.
M'ha cridat l'atenció el que segueix.
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Podía haber llegado a Cataluña en cualquier otro momento; podía haberme descasado unos años antes, pero el destino, siempre caprichoso, decidió que fuera precisamente ahora. 
Aterrice en la Ciudad Condal en marzo de 2012 y no tardé demasiado en percibir un chispazo de ilusión entre la gente. Han pasado más de dos años desde mi llegada y muchos ciudadanos  lo están pasando mal, como en el resto de las Comunidades en las que más que vivir me ha tocado convivir, pero ello no impide que se masque  en el ambiente un halo de cómplice esperanza,  que se ha mantenido inalterable desde mi llegada.
Hoy ya puedo afirmar de forma tajante, que este plus de esperanza tiene que ver con la firme voluntad de una mayoría de la población catalana de construir un nuevo país.
Via desbordadaFui testigo de cargo de un insólito fenómeno que tuvo lugar el 11 de setiembre de 2012. Millón y medio de personas se lanzaron a las calles reclamando la independencia de Cataluña. Lo que contemplaron mis ojos fue una manifestación espontánea;  un sentimiento larvado e insobornable del que hasta entonces pocos habían hecho excesiva  ostentación. Las personas que me habían rodeado durante medio año, no me habían hablado de política, pero un día antes de la convocatoria  y como movidos por un resorte, agotaron todas las existencias de banderas catalanas con estrella (esteladas les llaman). Hubo algo que me sorprendió de forma especial y que desde entonces he comentado en varias ocasiones con amigos y conocidos; cuando concluyó aquella macro-manifestación,  las calles estaban igual de limpias que antes de que empezara.  Aquello me impresionó más si cabe que la explosión de júbilo que había presenciado hacía tan solo unas horas y que me había dejado sin palabras.
Lo que sucedió el año siguiente en la misma fecha, creo que ya ha pasado a los anales de la historia; nunca antes un pueblo por propia iniciativa había organizado una exhibición de tal magnitud, entrelazando sus manos y ocupando los 400 kilómetros que separan Francia de Castellón. En muchos tramos, la cadena era triple y todavía sobraron más de medio millón de personas que abarrotaron los puntos neurálgicos  de la ciudad de Barcelona. Fue muy comentada la anécdota de la iniciativa de Intereconomía TV, que hizo un sobreesfuerzo económico para sobrevolar con dos avionetas todo el recorrido y poder denunciar los supuestos  huecos que iban a producirse. Se convirtieron al fin en los mejores notarios de aquel hecho sin precedentes.
ViaCatalana-300x200Corro el riesgo de que si alguno de mis familiares repartidos a lo largo y ancho de la piel de toro, lee este blog, no solo no entienda nada, sino que piense que me he trastocado, pero lo cierto es que si lo que pretenden estos catalanes,  es construir un país distinto al que hasta hace poco me ha tocado sufrir, cuentan con mi total bendición. No es necesario que hagan maravillas; con tal de que la cosa les salga medio bien, ya les habrá valido la pena el haberse activado.
 Supongo que para mis antiguos vecinos de Ciudad Real, Valladolid ó Santander, las amenazas de Rajoy diciendo que una  Cataluña independiente sería algo así como la isla de Robinson Crusoe, las de Margallo pronosticando que vagaría eternamente por el espacio sideral ó las de Fernández Díaz, elevándola a la categoría de  epicentro del bandidaje y del terrorismo internacional, les debe parecer de lo más normal, y es posible que a mí también me lo pareciera de encontrarme ahora mismo en su ubicación territorial y condicionada por la monocorde propaganda estatal, aderezada con todos los condimentos de las televisiones generalistas españolas. Desde mi actual ubicación catalana, todas esas bravatas las percibo como un auténtico despropósito, con el añadido de que  por dificultad idiomática no soy consumidora habitual de la televisión catalana. Por cierto; doy fe que desde que puse mis pies en esta tierra, no he tenido el menor problema con el idioma. Casi tengo que suplicar a la gente que me hable en catalán, ya que me he propuesto avanzar en el conocimiento de esta preciosa lengua de la cual  estoy descubriendo entre otras riquezas, una producción poética  que me era difícil imaginar.
Supongo que una cosa es lo que digan los políticos y otra muy distinta lo que hagan, pero si resulta tal como parece, tengo la sensación de que esta gente del gobierno español, no se está enterando absolutamente de nada.

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